La casa de los cuchillos

Francisco Paredes

El Estado de México se haconvertido auténticamente en un campo de batalla, la inseguridad se muestra nosolamente imparable ante las autoridades que no sólo no pueden detener losactos delictivos, sino que parece que poco respetan los estratos que antes eranintocables dentro de la estructura organizativa del poder político.

Los cuatro principales partidosque contienden por la gubernatura del Estado de México han sufrido actosdelincuenciales, el más grave, ocurrido en Nezahualcóyotl, donde cinco personasmurieron en un intento de robo a una de las sedes donde se realizaba una”capacitación” a integrantes del Revolucionario Institucional.

Sin embargo igual de graves hansido las amenazas en contra de Andrés Manuel López Obrador, y no por sucarácter de líder mesiánico de la izquierda mexicana, por el contrario porqueestas expresiones de rechazo e intolerancia atentan directamente contra la muyjodida democracia que tenemos los mexicanos.

Los mexicanos y los mexiquensesestamos hartos de esta guerra intestina, de los robos, asaltos, violaciones; deno poder salir a la calle sin miedo de ser asaltado, de no poder formar unpatrimonio sin la necesidad de esconderlo por temor a que sea arrebatado, perosobre todo de que no vemos el final de esta noche que mantiene sumido al paísen una parálisis social.

El cambio en las condiciones deseguridad no se va a dar de un plumazo y mucho menos con un decretopresidencial o Estatal, la inseguridad va a terminar con mejores condicioneslaborales y económicas, con educación y desarrollo de las zonas marginadas, terminarácuando sea más fácil poner un negocio que asaltarlo impunemente, eso no serealiza de la noche a la mañana, se va construyendo poco a poco.

Hoy los mexicanos aún vemos muylejos el final de esta historia de terror, pero esto no se puede terminar sinque en el camino se hagan cambios y se rompa el miedo. Por quien sea, como seay bajo cualquier condición el votar el próximo 4 de junio debe ser una muestrade que la inseguridad no puede más que los mexicanos, que los mexiquenses.

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