La historia que nunca acaba… Uróboros

Francisco Paredes 

Como un terrible cuento macabro que parece no tener fin, la delincuencia en el Estado de México continúa gestándose, viviendo y respirando, de los cuerpos putrefactos de la corrupción y de los ciudadanos que no hemos podido despertar de este terrible sueño.

La violencia con la que los delincuentes actúan en las calles o en el transporte público va en aumento y es cada vez más frecuente que haya personas muertas o lesionadas en actos delictivos, en los que la vida cuesta unos cuantos pesos en una cartera o un celular, en muchos de los casos cuesta poco más que unos cientos de pesos.

Hoy es innegable que las autoridades quedaron más que rebasadas en el tema de seguridad, el cual no es solo un asunto pendiente, es un tema vital para los ciudadanos de a pie, para los millones de personas que no tenemos escoltas y que tomar un camión se ha convertido en una “Ruleta Rusa”, de la que no se puede escapar por la necesidad de transporte.

No se puede negar que los policías, también los de a pie, han intentado controlar y combatir la delincuencia que se registra en diferentes sectores, pero es una historia sin fin, mientras los gobiernos, de cualquier jerarquía y partido político no entiendan que se debe trabajar para el ciudadano y no para un grupo político, ni como forma de alimentar sus aspiraciones de poder y dinero.

Como muchas veces lo he expuesto, la delincuencia no es un tema simple, no depende de patrullas, ni de operativos continuos; depende más que nada de reestructurar el tejido social que se ha ido desgastando con sexenios de corrupción y complacencia, porque mientras los ciudadanos tenemos que salir con miedo a las calles, los funcionarios viajan en helicóptero o con guardaespaldas.

La delincuencia, las malas condiciones sociales, la falta de empleo bien pagado, la falta de educación, el fácil acceso a drogas duras, la corrupción y el rompimiento de la sociedad en su conjunto ha provocado que el Estado de México se convierta en una escenificación de la mítica Uróboros… la serpiente que se come su cola, el círculo vicioso que no termina por romperse y que no parece tener fin.

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