La Tierra, hecha a golpes tras la formación de la Luna

Esta representación artística ilustra un gran impactador chocando contra la joven Tierra. Las partículas de color marrón claro y gris indican el manto del proyectil (silicato) y el material del núcleo (metal), respectivamente. – SWRI

Cuerpos planetesimales del tamaño de nuestro satélite natural entregaron más masa al joven planeta de lo que previamente se pensaba.

Los científicos creen que la Luna se formó hace unos 4.500 millones de años, cuando un cuerpo del tamaño de Marte, bautizado como Theia, chocó contra la entonces joven Tierra. La brutal colisión provocó que una inmensa cantidad de escombros salieran disparados, formando una densa nube de material alrededor de nuestro mundo. Con el tiempo, se unieron por las leyes de la gravedad hasta dar forma a nuestro satélite natural, el mismo que hace tan solo unas horas lucía en el firmamento como una superluna.
Pero el vapuleo terrestre no acabó ahí. A la formación de la Luna siguió lo que puede llamarse un prolongado período de bombardeo. Durante cientos de millones de años, cuerpos planetesimales (agregados de materia de los que surgen los planetas) del tamaño de la Luna golpearon de nuevo nuestro mundo. Gracias a una simulación, científicos del Instituto de Investigación del Suroeste (SwRI) han llegado a la conclusión de que esa «paliza» de rocas entregó más masa a la Tierra de lo que se pensaba anteriormente.
«Modelamos las colisiones masivas y cómo los metales y silicatos se integraron en la Tierra durante esta ‘etapa de acreción tardía’», explica Simone Marchi, autor principal del trabajo, que aparece publicado en la revista Nature Geoscience. «Según nuestras simulaciones, la masa de acreción tardía entregada a la Tierra puede ser significativamente mayor de lo que se pensaba, con importantes consecuencias para la evolución temprana de nuestro planeta».
Anteriormente, los científicos calcularon que los materiales de planetesimales integrados durante la etapa final de la formación de los planetas terrestres constituían aproximadamente el 50% de la masa actual de la Tierra. Esto se basa en la concentración de elementos altamente «siderófilos» (metales como el oro, el platino y el iridio, que tienen afinidad por el hierro) en el manto de la Tierra. La abundancia relativa de estos elementos apunta a una acreción tardía, después de que se formara el núcleo de nuestro planeta. Pero la estimación supone que todos los elementos altamente siderófilos entregados por los impactos posteriores fueron retenidos en el manto.
Acreción tardía
La acreción tardía pudo haber involucrado grandes proyectiles diferenciados. Estos impactadores pudieron haber concentrado los elementos altamente siderófilos principalmente en sus núcleos metálicos. Las nuevas simulaciones de impacto de alta resolución muestran que porciones sustanciales del núcleo de un gran planetesimal podrían descender y asimilarse en el núcleo de la Tierra, o rebotar en el espacio y escapar completamente del planeta. Ambos resultados reducen la cantidad de elementos altamente siderófilos añadidos al manto de la Tierra, lo que implica que se ha entregado de dos a cinco veces más material de lo que se pensaba.
«Estas simulaciones también pueden ayudar a explicar la presencia de anomalías isotópicas en muestras de rocas terrestres antiguas como la komatita, una roca volcánica», explica Robin Canup, coautor del trabajo. «Estas anomalías fueron problemáticas para los modelos de origen lunar que implican un manto bien mezclado después del impacto gigante. Proponemos que al menos algunas de estas rocas pueden haber sido producidas mucho después del impacto de la formación de la Luna, durante la acreción tardía».
Fuente: abc.es
 

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