Mantener el ritmo circadiano en el espacio

La astronauta de ESA Samantha Cristoforetti con uno de los sensores empleado en este estudio, durante su misión a la Estación Espacial Internacional en 2014-2015. Crédito: NASA/ESA.

El espacio es un ambiente inhóspito para el cuerpo humano pero nos adaptamos notablemente bien. En cuestión de horas, el cerebro se ajusta a la ausencia de arriba o abajo, como si flotar fuera lo que ha hecho siempre. Ahora los investigadores están aprendiendo cómo nuestro reloj interno se ajusta de manera similar a las restricciones del espacio. Un experimento apoyado por ESA ha descubierto que aunque puedas sacar el cuerpo fuera de la Tierra, no puedes sacar de tu cuerpo el ritmo basado en la Tierra.

El ritmo circadiano describe los cambios que se producen en nuestros cuerpos a lo largo de 24 horas. Este reloj interno está regulado por la temperatura interna, que indica a nuestros cuerpos cuándo es de día o de noche y pone en marcha sistemas como el metabolismo y el ciclo del sueño. En la Tierra, nuestra temperatura interna se mantiene estable a 37ºC, con una disminución de medio grado por la mañana temprano y un aumento de medio grado al principio de la tarde.
El ritmo circadiano es una onda suave que se sincroniza con nuestro día de 24 horas. En el espacio, los investigadores predicen que la ausencia de luz solar regular y el ambiente artificial de la Estación Espacial Internacional lo perturbarían : la temperatura interna descendería y el cuerpo humano perdería su ritmo. Para comprobar esta teoría, 10 astronautas midieron sus temperaturas internas en periodos de 36 horas antes, durante y después de la permanencia en el espacio utilizando dos sensores pegados a la frente y el pecho.
Los resultados han asombrado hasta ahora a los investigadores. La temperatura interna aumentó globalmente y las fluctuaciones de medio grado durante el periodo de 24 horas se fueron desplazando gradualmente hasta las dos horas. Para mantener su ritmo, el cuerpo trabaja más duro y se calienta. Los detonantes de comer, metabolizar y dormir, por ejemplo, cambian en consecuencia. Los investigadores todavía desconocen la razón de ello pero estos resultados iniciales tienen implicaciones importantes, por ejemplo, al establecer los periodos de trabajo de los astronautas.
Fuente: observatori.uv.es

Related posts